6.2.12

Maridaje


Seguramente sos de lo que piensa que si te fumás un caño te tenés que clavar una cerveza al toque. Pero si andás cagado de sueño más que lúpulo y alcohol lo que mejor pinta es una pava de mate, amargo, no tan caliente. Un mate casero, humilde, que no va a competencias internacionales. Un mate de albañil. Un mate de chofer de bus interurbano. Un mate de inspector de tránsito, un mate de un hijo de puta involuntario. Un mate de un subalterno de un subalterno que aspira a vicesubalterno. Un mate de enano que trabaja en un bar como fenómeno y que se chamuya a las rubias huecas pero siempre se las lleva algún gil arriba del uno setentaicinco. Un mate de cuatro huérfanos que se juntan a jugar al truco todas las tardes. El mate de un amigo mio que se llama Fidel y que jugaba al futbol como los dioses y que quedó en ñuls pero por calentón amigo de las tarjetas rojas se tuvo que volver al año y que si bien ahora labura en la ciudad, no puede dejar de pensar que él nació futbolista y que está perdiendo el tiempo vendiendo coca colas por mayor. Un mate de un ascensorista de otros tiempos ya que puede que sea una expecie extinta o en vías de. Un mate de un astronauta de madera. Un mate de todas las madres solteras que se esfuerzan por su pendejo todos los días. No un mate de los cobardes, no un mate de los alcahuetes, no un mate de los que huelen mierda. Te tomás tres o cuatro al hilo y el THC se eleva. Quedás para arriba aunque sean las 4.38 de la mañana.


29.12.11

PRONÓSTICOS PARA HOY

Pronósticos para hoy:


- Camila Vallejo va a desdecirse de su posible carrera por un escaño en el Parlamento chileno y va a inclinarse por la carrera armamentista en Chechenia y / o Talagantito. Dirigentes del PC se cagan todos al unisono provocando una estampida de moscas en la comuna de Providencia.

- Piñera decidirá comprar las dependencias del CEP y reciclarlas en un parque de diversiones tipo Fantasilandia atendido por 40 exministros, preferentemente sin grandes aspiraciones políticas. También emitirá un decreto de censura absoluta hacia las encuestas, los encuestadores, las novias de los encuestadores y las institutrices porno de las novias de los encuestadores.

- Su excelencia declarará tener cáncer y se caerán todas las especulaciones conspiracionistas acerca del mal que afecta a las máximas figuras políticas del vicecontinente satelital del planeta Tierra.

- Alexis Sanchez se probará disfraces de Rey Mago en Meiggs pero será adviertido en lenguaje coloquial-flaite que solo le alcanza para niño Jesús.

- Longueira anunciará que renunciaría Hinzpeter en el caso de romperse la espalda bajando la escalera que da al despacho de Su Archirelampagosa figura gobernante. Por la tarde Heinzpeter cae por la escalera, horas después renuncia.

- Otra modelo periodista producirá un incidente arriba de un avión y los dealers comienzarán una ronda de autocrítica respecto del producto entregado los últimos meses.

- Karadima será visitado por Jaime Guzmán y confundirá su calidad de vivo o muerto en estos días.

- Se presentará en Mi Nombre Es el doble del primer cantante de la Era Precámbrica, del que no se sabe el nombre, y será abucheado por los fanáticos de Mariah Carey y Keany West.

- Una ola reparará el barco de los ecologistas que luchan contra los japoneses cazaballenas. Los dealers volverán a recapacitar sobre el tema en cuestión.

- Trabajadora caerá del cuarto piso de un mall en Quellón. El INst Nac del Deporte intentará inscribir la dinámica como una disciplina outdoor.

18.10.11

darwin

Carlitos andaba de viaje con el kimono atómico. El mono se separó de la animalidad a partir: no del lenguaje, no del pulgar opuesto, sino de la queja, la capacidad superlativa y distintiva del homo sapiens ante lo incompleto. El vacío como agujero negro. El lenguaje vino después, para perfeccionar la queja. Herramientas como la poesía o el tráfico manufacturado (libro) desarrollaron el virus. Noseamos cavernicolas, paremos la queja.

12.10.11

POSTALES (BUZIANAS) . Cuando veo a un turista argentino, rajo.





1-Una gorda argentina se levanta a las 9. Tiene una pulserita verde en la mano derecha, lo que le da derecho a desayuno y cena en la posada. Se pone la bikini, despierta a las niñas y al pelado. Se pone una remera verde y para taparse el culo elige lo que ella cree que es un pareo, lo compró a 20 reales en el terminal de Río. Baja al restaurant, la bandera con la leyenda Ordem y Progresso genera alergias mentales en el personal de la posada, pero no pueden decir nada, son esclavos modernos, amordazados por las buenas prácticas laborales.


2-Una mina de unos cincuenta y cinco años entra al restaurant con bikini rosa y un pareo florido a la cintura. Debe haber sido guapa de pendeja, pero hoy su carne blanca está flácida y suelta. Dejo el desayuno de lado.

3- Una pendeja oriunda de Buenos Aires mira el plato de la señora flácida y grita: mamá, esa señora se llevó todo el fiambre. Aplaudo cerebralmente su honestidad. La señora, sin embargo, no se inmuta, ni siquiera atina a comenzar a comer la bestialidad de queso y jamón que se ha servido. Después me doy cuenta que la señora está asegurando su almuerzo con el servicio buffet del desayuno. La avivada argentina, producto de exportación nacional.


23.3.11

proselitista (pros elitista [quizá])

somos o no somos la juventud extraña que reniega de su propia vejez?
somos o no somos los bipolares morales que atacamos al sistema y mamamos de él?
somos o no somos los guerrilleros cagones a los qué no les sonó el despertador la noche que salía el avión?
somos o no somos los fervientes creyentes de cada teoría conspirativa?
somos o no somos los inconformes recurrentes, los ajenos, los perversos marginales, los sexópatas, los drogones, los dealers, los penúltimos borrachos?
somos o no somos lo historia entre líneas, lo inenarrable?
somos o no somos el mantel de la mesa sexpistoliana del vacío?
somos o no somos la fiebre encajonada, el sindicato involuntario, la cuarta vereda, la bandera negra, el himno mongólico de una nación abortada?
somos o no somos el eco del brazo armado de la política carnal?
somos o no somos el tsunami volitivo que cubrió nuestros corazones?
somos o no somos los latinoamericanos de siempre, incrédulos, desconfiados, agazapados, rencorosos, desarraigados, parias, contrariados, aproblemados, sobreautovalorados, autoporlamierdasubestimados?
somos o no somos?


8.1.11

Gustavo Nielsen - La fe ciega


Sofi nació el día en que murió su abuelo. Decidí quedarme al lado de mi hermana y de mi nueva sobrina. Había odiado en vida a mi padre; ahora no iba a cambiar de sentimiento. Nadie entendió bien que Enrique fuera al entierro, si era solamente el yerno, y su primera hija acababa de nacer. Para llegar a Bahía Blanca había que viajar seiscientos kilómetros. Toda una noche arriba de un auto. Sandra, mi hermana, nunca le perdonó que la dejara en un momento así. Y nadie, jamás, se enteró de las verdaderas razones del viaje de Enrique. El tampoco había querido a su suegro. Cuando le preguntamos, no pudo, o no quiso, contestar.

Desde ese día, hasta la cuarta Navidad de Sofi, muchas veces me desperté con el mismo sueño. Al principio los acontecimientos se repitieron casi sin diferencias. El sobresalto era el de las pesadillas, aunque el relato del sueño no suponga ningún tipo de miedo. Aparezco sentado en la cocina de mi infancia, con seis o siete años. Mi madre me sirve la leche en un jarro de cerámica. El jarro es azul con un asa blanca. Estoy vestido para ir al colegio, con pantalones de franela, camisa y corbata. Levanto el jarro por el asa. Mi madre me habla, pide que coma algo. Mi mano pequeña acerca el jarro a los labios. Pero no alcanzo a probar el contenido. El asa se rompe, inexplicablemente. Y la leche se me derrama, íntegra, sobre la ropa limpia del colegio.

Amé a Sofi desde el primer segundo en que la vi, casi por contraposición al odio que le tuve a mi padre. Le enseñé a leer a los cuatro años, porque me lo pidió.

Aprendió fácilmente. Sofi es una niña de gran inteligencia; lo dicen sus maestras. Al año y medio preguntó por el abuelo. Lo había encontrado en una foto, abrazándome. Enrique le dijo que estaba en el cielo, al lado de Diosito. Tengo dos años más que Enrique, y mi intención es no involucrarme en la educación de los hijos de los otros. Siempre ha sido así. Sin embargo, cuando Sofi vino a preguntarme, le dije: Dios no existe. Dios es un invento. Ella me miró y abrazó a su Barbie sin ojos. Le agujereaba los ojos no bien se las compraban. Después, fue a lavarse los dientes sin hablar.

No tuve hijos. Decidí no tener hijos, así como decidí no tener Dios. Soy arquitecto: construyo las casas donde ustedes viven. Si alguna vez tuviera que diseñar una sociedad, lo primero que inventaría es la idea de Dios. Alguien capaz de perdonar, pero sobre todo de castigar. Y castigar violenta, metódica, exactamente. Como hacía el abuelo de mi Sofi conmigo.

La semana anterior a esa Navidad me había quedado a dormir una noche en casa de mi hermana. No era la intención; simplemente había ido a comer y, cuando estaba a punto de regresar a mi departamento, Sofi dijo: “Tío, ya te armé el sillón”. Hasta me había puesto su almohada a lunares, para que soñara cosas lindas. ¿Qué iría a soñar ella, mientras tanto, en una almohada ajena?

Mi trabajo de arquitecto comienza muy temprano. Al día siguiente tenía que terminar una obra en Caballito. La casa de mi hermana queda lejos del centro, y pretendía dormir. Pero a la una de la mañana se abrió la puerta del estar. Sofía venía en camisón y pantuflas, con un vaso de agua en las manos.

–Me pelié con papá –dijo.

Separó el cubrecama para meterse.

–¿Y el vaso de agua? –le pregunté.

–Por si me da sed.

Esa noche tuve el mismo sueño. El jarro se soltaba de su asa como si la rechazara. La mancha era algo espesa y marrón, que se expandía rápidamente sobre mi uniforme escolar. Esto era raro: aunque había tenido que acercar el jarro a mi boca para soplar el humo, la leche sobre la piel era apenas una molestia tibia. Si me hubiera quemado, tal vez me habría importado menos eso de quedar manchado. La mancha era el argumento de la pesadilla. Se presentaba tan indeleble a mi razonamiento de niño, como el sueño a mi cordura de hombre.

Si bien no soy el padre de nadie, al menos soy un padrino. En el bautismo de Sofi, el cura la roció. El agua estaba bendita. En el lugar donde a Sofi le cayó, quedó marcada. Son tres gotas que aún tiene en su frente. Tres manchas.

La primera variación del sueño se dio en el asa. Donde cambiaba de color al azul del jarro, aparecían las rajaduras. Había dos: una abajo, otra arriba. Me fijé cuando estaba soplando la leche. El asa, esta vez, había sido pegada. El miedo a mojarme fue anterior al hecho mismo de mojarme, pero no atiné a llevar mi otra mano hasta allí, para ayudar a sostener el jarro lleno. Simplemente advertí que podía soltarse. Como en las veces anteriores, el jarro se despegaba, caía, manchaba.

Sofi me pateó durante toda la noche. Al amanecer se había apropiado definitivamente de su almohada blanca a lunares rojos. Cuando me levanté, su vaso de agua estaba intacto. Fui a hacerme un café. Volví a pasar por delante del sillón, a punto de salir, y la encontré sentada.

–Me hice pis, tío –dijo.

El colchón estaba mojado. El vaso estaba por la mitad.

Un día se le cayó el primer diente. Sofi lo exhibió sobre su palma abierta.

–¿Papá, es verdad que un ratón va a entrar a mi pieza?

–Sí, es un ratoncito muy simpático.

–¿Y va a venir debajo de mi almohada?

–Sí, para llevarse tu diente.

–No quiero.

–A cambio te va a dejar una moneda.

Sofi pensó un instante.

–¿Cómo sabés que no es como los que cazaste con la trampera?

–Porque es el ratón Pérez.

–¿Y cómo me voy a dar cuenta?

–Porque viene vestido con un overol anaranjado. Porque le voy a pedir los documentos. Si no los muestra, no entra.

Sofi no quería un ratón adentro de su pieza.

–Porque es así. Porque todos los chicos creen en eso.

El martes 16 de febrero de 2001, Enrique fue a tirar por primera vez. Había comprado una pistola Garand Beretta calibre 22 y tres cajas de balas. Se había hecho socio del Tiro al Segno de Ciudadela. Según él, ese martes fue el día de su bautismo de fuego. Escribió la fecha con un marcador en la puerta de la heladera. Sandra no lo esperó para almorzar, y se fue a la cama con su botella de whisky marca Teacher’s. Enrique le dijo que iría al polígono cada sábado por la mañana, y que nunca lo esperara para almorzar. Ella no lo escuchó.

Terminé la obra en Caballito. Todo salió bien: me felicitaron, cobré lo que me debían. Dos pintores se quedaron dando los últimos retoques. Estaba tan contento que invité a la familia de mi hermana a cenar en casa. Serví la cena sobre unas mesas bajas, japonesas, que me traje de un viaje de estudios. Puse almohadones para que nos sentáramos en el suelo, música de Satie, platos de porcelana blanca uruguaya.

Enrique encendió las velas y el sahumerio. Sandra destapó la botella de vino. Sofi se sentó con su Barbie sin ojos, e inmediatamente se empezó a reír. No paró en toda la cena. Tal vez le pareciera gracioso eso de estar ahí sentados en el piso, en unas mesitas de juguete.

A lo mejor pensó:

–Qué raro, juegan...

O peor:

–Qué idiotas, juegan...

Acompañé a Enrique al Tiro al Segno. Me lo había pedido mientras cenábamos en casa. Sabe que no me gustan las armas. Me llamó la atención su forma ostentosa, grandilocuente, de saludar a la gente de allí. Como si quisiera que yo lo notara. Algunos levantaron la mano con la mirada seca, como si no supieran quién era. Teóricamente, había ido todos los sábados de los últimos cuatro años. Pensé: “nadie de aquí te conoce”. Tiré un cargador y me fui a pasar la mañana al bar. Probé el whisky por primera vez. Me gustó más que otros alcoholes que había bebido anteriormente. Los cubitos de hielo hacían ruido a Navidad.

¿Cómo se construye una relación? No lo sé. Los hombres sabemos construir muebles, avenidas, casas. Somos constructores. Sin embargo, desde que cumplí cuarenta años, la palabra construir me parece una palabra femenina. Mi última pareja me lo dijo: “¿Vos jamás vas a construir nada que valga la pena, verdad?”. Le contesté: “Los arquitectos vivimos construyendo”. Nunca más volví a verla. El sueño que construyo es real. Lo siento así. Quedar manchado es una de las peores cosas de mi vida. El uniforme escolar no se podrá limpiar. Tampoco mi piel.

¿Se moja, Sofi? Nadie ve nada. Es de noche. Sofi duerme, Sofi está volcando esa copa, Sofi se pelea contra sí misma: no quiere ser mayor. Por la mañana la retarán. ¿Lo hace dormida, o ve cuando se tira el agua?

Quiero a Sofi más que a nadie en el mundo.

–¿Va a aparecer un tipo por la chimenea?

–Se llama Papá Noel, viene con regalos.

–¿Viene por ahí?

–Sí.

–¿Y va a entrar acá?

–Deja los regalos en el árbol y se va...

–Pero para dejar los regalos tiene que entrar a la casa...

–Sí... un poco. Dos metros, hasta el árbol...

–¿Y lo vas a dejar entrar?

–Es un señor muy bueno: te va a traer el regalo que pediste...

Sofi lo piensa más.

–¿Y si se roba algo?

–¿Cómo se va a robar algo Papá Noel?

–No sé..., ¿de dónde lo conocemos?

–¡De otros años!

–¿Y por eso lo vamos a dejar entrar a casa así como así?

Enrique piensa.

–Si no entra, no vas a tener tu regalo...

–No quiero el regalo, papá –dice, y se larga a llorar–. ¡Si entra, disparale!

–¿Cómo vamos a lastimar a Papá Noel?

–Lastimarlo, no. Matalo, papá.

Por un instante, Enrique se asusta de haber tenido esa hija.

–Papá Noel somos nosotros, mi amor. No te preocupes. Ningún extraño va a entrar a nuestra casa.

Para demostrárselo, trae los regalos y los reparte. Cada uno abre el suyo. Son las diez y media de la noche. Todos, menos Sofi, nos sentimos decepcionados. Sofi abraza a su padre y dice:

–Gracias, papá.

A Sofi le debe dar asco derramar su orina real. Mearse encima le parecerá un signo de debilidad, una cosa de niñas comunes. El pis es sucio. El agua, en cambio, es para lavarse. Por eso el pis que ella se hace en la cama es un líquido bendito, algo que aún no ha pasado por su cuerpo. Ella mueve la mano, inclina la copa. El jarro se suelta del asa. Se da vuelta. La leche sale como una lengua marrón. ¿Está cortada con café, o es chocolate? Una lengua líquida que surge y toma la dimensión entera de la mancha, como si fuera un pájaro que extiende sus alas en el aire. La mancha se posa sobre los muslos del niño que, perplejo, aún sostiene el asa en su mano derecha. La aprieta como si fuera su herradura de la suerte. El cuerpo del jarro rebota sobre sus muslos y se estrella contra el piso. Sin ruido. Las partes quedan balanceándose solas, mudas. La aureola sobre el pantalón hace creer que el niño se ha meado.

Tampoco creo en nada, como Sofi. No creo en el matrimonio, ni creo en el amor. Creo solamente en mi trabajo, en los edificios que levanto, en las ventanas que abro, en los muros que derribo. En la construcción que tiene que hacer mi razón, para no creer. Creer es fácil; no creer es complicado. Creer es aceptar, es acostarse en la cama a tomar whisky. No creer es un trabajo constante, ingrato, impago. No creer es estar sobrio cada minuto de la vida.

Miro a Sofía. Tiene la piel lisa y suave. Sin marcas.

Eso que escribí sobre las marcas del bautismo era pura mentira de mal dormido. Puedo mentir ahora cuando escribo acerca de los detalles de esa noche, puedo mentirles a mis lectores. Pude mentirle a mi padre. Pero jamás le mentiría a Sofi.

Enrique cree en Dios como en un GRAN CALOR, lo dijo el otro día. Hizo así con las manos, para que el calor pareciera enorme. Por eso enciende fuegos, hace asados, fuma. Por eso compra petardos para Navidad, aunque mi hermana lo rete afirmando que es peligroso. Su visión de lo navideño es el encendido de pirotecnia.

A Sandra le gusta el champán. Su visión de lo navideño es consumir botellas hasta quedar desmayada. El alcohol enciende la fogata.

–¿Adónde está el abuelo?

–En el cielo –dijo mi hermana.

–¿Y papá va a tirar un cohete? ¿No lo podemos lastimar? ¿No lo vamos a ahogar con el humo? Mejor prendemos solamente estrellitas...

–Pero dejalo a tu papá, que quiere cohetes –dije.

–Odio esos petardos –interrumpió Sandra.

Enrique pensó antes de hablar.

–Es para ver si el abuelo está.

–¿Cómo? –preguntó Sofi.

–Con la luz.

Una cañita voladora cayó en el jardín, provocando el incendio de un cantero. Fui a apagarlo con un balde lleno de agua. La operación duró un par de minutos. El agua apagó el fuego.

Para eso son los bautismos.

Abrió mi paquete. Era la Barbie nadadora, la que me había pedido que le comprara. Eran las diez y treinta y seis, lo recuerdo porque miré el reloj. Después fue que salí corriendo a llenar el balde para apagar las plantas encendidas. Sofi también salió corriendo. A buscar el punzón para agujerearle los ojos a su muñeca nueva. Era viernes, y yo no debería haber estado allí.

Luego se fueron a hablar entre ellos, a su cama matrimonial. Y después Enrique salió hecho una furia. “¿Adónde va papá?”, preguntó Sofi. “Al Tiro al Segno”, le dije. Ella fue hasta el cajón de la mesa de luz, para mirar. Eran las doce menos veinte. Se puso el camisón y volvió.

–¿Todavía seguís peleada con tu papá?

Subió los hombros, como si no supiera. Podía escucharse el llanto de Sandra, manso, llegando desde la habitación.

El consuelo es algo difícil de manejar. Una de las cosas en las que me gustaría tener una fe ciega. Por eso dejé a Sofi en el sillón y fui hasta la habitación de mi hermana; por eso entré. La fe ciega es una redundancia; sobra la ceguera o falta la fe. Para creer hay que cerrar los ojos. Fue en la noche de Navidad del año 2005. Sandra estaba borracha, vestida, tirada en la cama. ¿Qué hacía yo ahí, en medio del huracán de la familia de otro? Simplemente pasaba una fecha difícil, de esas en las que todos hablan de las familias y nadie puede no tener una. De esas en las que necesitamos pastillas para dormir y la pequeña ilusión de que tenemos algo que funciona. Aunque sea la familia de la hermana. Aunque nunca hayamos creído en Papá Noel. Fui hasta la mesa de luz, a cerrar el cajón que Sofi había dejado entreabierto. La pistola estaba ahí, en su caja. Le saqué las balas y regresé al sillón.

Sofi se hacía la dormida, pero me sentí en la obligación de hablar para tapar el llanto de su madre. Era mi forma de apagar ese incendio; de unir el agua al fuego para certificar el cese del credo, para revalorizar el hecho de no haber creído jamás en nada. Dije:

–¿Mirá si Papá Noel se equivoca y baja de nuevo ahora, que son las doce?

Y dije:

–¿O mirá si Papá Noel se equivocaba de día y bajaba antes, una noche cualquiera, y te despertaba?

Y dije:

–¿Mirá si se apiada de nosotros y no vuelve más?

Sofi se asomó desde debajo de la sábana para verificar que su vaso de agua seguía allí.

–¿Qué es “apiada”?

–Que nos tenga lástima.

Sofi apagó la luz.

–No seas boludo, tío.

Esa noche soñé por última vez con el episodio del jarro. Se rompía el asa, la leche caía, me caía encima. Sin embargo, ni una sola gota llegaba al piso. Los pedazos de jarro cubrían la cocina de mi infancia. Era la primera vez que mi sueño se ocupaba de algo que no fuera la mancha sobre mi pantalón. Levanté uno de esos pedazos. La cerámica estaba seca por adentro. Ni rastros de la leche que tuvo. Como si el jarro jamás hubiera contenido líquido alguno.

6.12.10

EXCLAMATIVO


seremos o no seremos un homenaje de nosotros mismos?

somos o no somos un homenaje de nosotros mismos?

no quiero dormir!

no quiero estar aburrido pasando canales!!

se muere el tiempo!!

el templo se agrieta en las manos arrugadas de los viejos!!

nacen bebés en tonos cepias?

nacen avispas que viven velozmente!!

y mueren aun jovenes!!

seremos o no seremos un homenaje de nosotros mismos?

en qué piedra se ha horadado nuestro pasado?

por qué el poeta usa el vocablo horodado en un poema cuando no lo utiliza en la cotidianeidad de la vida?

cada día es un funeral del día que se fue!!

cada mañana un útero menos!!

cada atardecer un barco zarpando!!

cada anochecer dos personas culiando en unos arbustos!!

cada madrugada contracciones!!!

el mundo cada madrugada contracciones!!!

contracciones!!!

contracciones!!!

contra acciones!!!

somos o no somos un homenaje de nosotros mismos??


17.10.10

Rendir tributo?

Iba a empezar esta nota diciendo que día a día hay más bandas tributo. Lo pensaba porque me topo con afiches, de esos indy o de bares pequeños en dos colores. Luego me doy cuenta que es una trampa de la edad: hay más bandas tributo porque hay bandas de mi generación que han muerto (Nirvana, Faith No More (sometimes), Ramones, Guns N Roses (ojalá), Sex Pistols). Conclusión, nos vamos poniendo viejos. Obviamente uno no se paraba a los 20 años frente a los afiches de las bandas tributo de The Mamas and the Papas o de Rosamel Araya.

Digresión: recuerdo el cover de Luca sobre el tema de Milanés. Cover de la frase emblemátia incluído (supongo que esa frase ocurrida en la volada de Luca originó la necesidad de estar todo un día corriendo atrás de una portastudio, consiguiéndola en la casa del joven Calamaro, suspendiendo un recital): El tiempo pasa, nos vamos poniendo tecnos.



En definitiva, muchos congéneres quedan estancados en los grupos de la infancia y la única forma de microhomenajearse es hacer baratas remakes de recitales que nunca sucediron en nuestras tierras. Paralelamente las bandas originales al fin llegan al coño sur ahora que en el norte no pueden con los pendejos, ahora que sus seguidores tercermundistas cuentan con guita para las entradas porque se esclavizaron con los bancos y demás mecanismos.

Pero el tema que me convoca hoy es justamente esta oposición de precios entre los originales, que te cortan la cabeza aunque sean agrupaciones contraculturales y antisistémicas tipo Rage Against the Machine, y las bandas tributo que por 4 dólares dejan todo en el escenario. ¿Has ido a un recital de bandas tributo? Te invito, después del primer bocado de vergüenza ajena uno empieza a admirar a ese tipo que salta con más ganas que el mismísimo Patton, que quiebra su garganta más que el suicida de Seattle.

Más allá del riesgo a lo patético, de las no siempre buenas versiones, prefiero los clones a los avejentados ventajistas que una vez pasado su momento vienen a robar al culo del mundo.

5.10.10

Bicicletas (remix de Green Pedal)

"El momento que separa a la no-idea de la idea tiene olor a ozono. "
Yo mismo pero lo pongo como cita para que parezca más groso.

A alguien se le ocurre que va a generar electricidad a partir de su bicicleta porque ya está hinchado las pelotas de pagarle a los españoles conchudos todos los meses (comentario bicentenárico: antes los españoles tenían todo, ahora tienen sólo lo que da guita), y de paso se ahorra la cuota del gimnasio. Pedalea cuatro horas al día a su máquina adaptada a un alternador de Renault 12, genera los kw/h que necesita para su departamento que no es loft porque Roberto no tiene un buen laburo, no es profesional.

Es bastante sociable este tipo. Saluda a la gente cuando se la encuentra en el ascensor, hasta conversa honestamente evadiendo los lugares comunes. Es tan buena onda que un día de calor se cruza con el del 3ro B y lo invita a tomarse una cerveza heladita. Mientras se empeda se pone a pedalear para no perder frío en la heladera. Cuando le explica el invento el vecino queda sorprendido, la sensación es similar al festejo de un gol de Kenia ante los alemanes en la semifinal de un mundial. Una revolución mental. Como puede ser que seamos tan giles, concluye. Y enseguida le pide que le instale dos bicicletas en su casa.
Hay una lógica muy curiosa. Generalmente los seguidores, los aprendices, los inducidos, tienen un grado de fanatismo superior, exhacerbado en relación al ideólogo. Seguramente los católicos son más creyentes que lo que Jesús era, más rigurosos. Así es que el vecino del 3ro B, a quien bautizaremos en esta instancia de la crónica como Judas Iscariote, se volvió un adepto incondicional al SuperBiciGenerator (vaya departamento de marketing).

Transcurren unos meses y Judas Iscariote pierde su empleo. Como ahora le sobran horas empieza a comercializar el excedente de energía que produce, monta una pyme, hasta da factura. Le va tan bien que le propone a los gimnasios comprarle la energía que generan los cultores del spinnin para abastecer la demanda que lo ha sobrepasado. Pero Roberto se entera y lo para en seco. Publica los planos del SuperBiciGenerator en la web (paga dominio y hosting). La página recibe 3 millones de visitas diarias, el mundo cambia, hay una nueva revolución tecnológica, un cambio de era, resucitan algunos dinosaurios en la Antártida.

Los aristocráticos ahora cuentan con señora de la limpieza, babysitter, mayordomo y pedaleadores. Los fábricas quintuplican el número de sus empleados porque contruyen plazas de pedaleo para reemplazar hidroeléctricas, termoeléctricas, centrales nucleares. Obviamente aparecen científicos (financiados) que aseguran que tanto pedaleo está acelerando el efecto invernadero, que el sudr contenido en la atmósfera está refractando de tal manera la luz solar qu eestamos poniéndonos azules y nuestra frecuencia cerebral ha entrado en el rango de las FM. Obviamente llega un empresario oriundo de Texas que le quiere comprar la patente a Roberto, pero nuestro protagonista lo enrumba hacia el norte y lo pone a pedalear, con tanta mala suerte que en Chihuahua es atropellado por un camión.

La gente adquiere contexturas más fibrosas, los hospitales son abandonados(afirmación refutable), la expectativa de vida se duplica. El monstruo de la sobrepoblación recorre el planeta. O dejamos los televisores o nos extinguimos, dice un pibe que pasa por la esquina y alguien le roba la idea y se convierte en un Profeta. Los obesos intentan un golpe de estado, la mitad muere de infartos y taquicardias y la otra mitad deserta en un carro de choripanes.



Fuentes:
http://www.ecologiaverde.com/bicicletas-generadoras-de-energia/
http://www.bicigen.unlugar.com/
http://bicicam.blogspot.com/

22.9.10

Otra película sordomuda, hoy: Green Pedal


A alguien se le ocurre que va a alimentar la fagocitación eléctrica de su casa a partir de una bicicleta fija, de paso se ahorra el gimnasio. Pedalea cuatro horas al día, genera lo suficiente para dos lamparitas, las baterías de notebook y celular y la heladera. Un día invita a su vecino del tercero B a tomar unas birras y el Turco (tal el nombre del invitado) lo ve pedalear cuando empiezan a parpadear los focos. Obviamente le explica el invento y al otro día está instalando una bicicleta en el tercero B. Pasa un mes y el turco queda sin laburo, se pone a vender energía, tira cables para los cuatro pisis del monoblock. Le va tan bien que se cruza al gimnasio y les instala unos dínamos en las bicis fijas y les da unas chauchas por la energía. El inventor (que se llama Roberto) se entera y le para el carro, el invento era altruista, no para ganar plata. Roberto publica los planos en facebook y en un par de blogs. La bicicleta-usina se pone de moda. No falta el gil que reemplaza la bicicleta por un motor eléctrico. Hay otros que contratan a media docenas de pobres para abastecer el chalet. Aparecen científicos que aducen que el calentamiento global estaría aumentando producto del sudor humano ciclista. Llega un gringo, ofrece quinientos millones por la patente del invento. Roberto lo pone a pedalear rumbo norte. A los dos meses el gringo llega a Chihuahua donde es atropellado por un camión. La gente se vuelve más fibrosa, vive más, no se mueren. Hay sobrepoblación, sobredemanda energética, sobreproducción de sudor. Los grupos de obesos independentistas intentan un golpe de estado pero la mitad sufre infartos y la otra desiste al pasar por un local de pollo con papas.

A Antonio Clement (http://erenovable.com/2008/08/28/inventan-bicicleta-que-genera-energa/)



y al Pocho Lepratti y sus exquisitas pizzas con queso fundido de 2 pesos el kilo.